De este punto parte una pista ancha que en pocos pasos nos conduce a un cerramiento que impide la salida del ganado. Atravesado el cierre es frecuente ver algunas vacas, caballos, cabras o incluso algunos cerdos. El camino bien marcado continúa hasta un abrevadero en cuyas cercanías abundan los zarzales y a finales del verano también sus apreciadas moras.
Continuando el camino encontramos una bifurcación. En este punto debemos abandonar la pista más marcada y que conduce a una caseta de canalización de agua blanca y azul que veremos a lo alto. Tomamos entonces la senda estrecha que parte a la derecha hasta alcanzar las ruinas de las antiguas minas de la Toya.
Poco a poco nos hemos ido introduciendo en un paisaje dominado por la vegetación y tras superar algún repecho por la ladera de la derecha y con la riega de La Toya en el fondo, nos sorprenderá una espectacular garganta de grandes rocas tupidas por los musgos, frondosos helechos y algún que otro tejo.
Atravesando esta garganta, sin cauce de agua, nos adentramos en el hayedo. Poco a poco vamos ascendiendo y las hayas van teniendo mayor porte.
Llegaremos hasta la majada de Bustacu donde pareremos a comer para retornar más tarde en descenso por el mismo camino.
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¡Os esperamos!
